El sol tÃmido del jueves 17 de noviembre parecÃa el preámbulo de algo bueno. Y es que en medio de tanta agua que ha traÃdo este invierno, los sentidos parecen ensombrecerse, necesitando desesperadamente una válvula de escape para tanta presión. La cita fue en el tremendamente rejuvenecido teatro ECCI, en pleno centro de Bogotá, en donde la noche encontró agolpados a cientos de ansiosos fanáticos junto a la entrada, que solo esperaban escuchar el primer acorde de la guitarra del músico japonés Miyavi, cuyo recital, según se decÃa, prometÃa mucho más que un simple acercamiento al público colombiano de un artista para muchos desconocido…y vaya que se cumplieron esas expectativas con creces.
En punto de las 8 de la noche, y con un lleno total del teatro, las luces se apagaron y quedamos en compañÃa del cieloraso artificialmente estrellado del ECCI, y de un grito colmado de euforia ensordecedora que abrieron el telón para que Miyavi, junto a su compañero de andadas, el baterista BOBO, aparecieran en escena dando inicio al toque. Junto a su guitarra electroacústica, el ritmo salvaje de la baterÃa, y una consola básica de sonido en la tarima, Miyavi, desde el primer momento, nos entregó lo mejor de sÃ, sin mas pretensiones que dejar todo en el escenario.
La comunión con los asistentes fue inmediata, y canción tras canción se iba haciendo más y más estrecha la empatÃa entre el dúo y quienes estaban allà cantando a coro sus temas. El catalizador sin duda fue el gran despliegue de sencillez, energÃa y simpatÃa de Miyavi, quien no reparó en palabras de agradecimiento y cariño para los fans, a quienes no dejó nunca a un lado, haciendo participe con gran maestrÃa de cómo se debe manejar a un público, hasta el último asistente que se encontraba en el recinto.
El talento sin igual del músico de treinta años resaltaba enormemente, ejecutando cada acorde con gran destreza, fusionando ritmos como el funk, el pop, y hasta el punk, con acompañamientos electrónicos que componÃa en escena con la guitarra, y reproducÃa en loops aprovechando al máximo las virtudes técnicas de una pedalera que desconcertarÃa hasta los más conocedores.
Fue un concierto totalmente Ãntimo y alucinantemente perfecto, en el cual los asistentes respondieron con gran entusiasmo a los músicos, convirtiéndose en una sola entidad que invadió el ambiente de alegrÃa, animando a los nipones a brindarnos lo mejor de sà y de su repertorio.
Pasadas las nueve de la noche, y luego de un jam de rock electrónico de más de 6 minutos, Miyavi abandonaba la tarima dejándonos con una cortina de sonidos de su consola, que serÃa luego de algunos instantes, la  puerta de entrada que sellarÃa para siempre su relación con los fans colombianos con un gesto inolvidable: regresó vistiendo una camiseta de nuestra selección de fútbol, llevando a los asistentes al punto más alto del delirio, e interpretando tres últimas canciones que cerrarÃan el recital cerca de las 9.30.
ara personas como yo, que no habÃamos tenido la oportunidad de escucharlo, fue el encuentro con una propuesta musical audaz y refrescante, con todos los tintes de los buenos pioneros que han escrito páginas memorables en la historia del rock, y para los fieles fans asistentes, una promesa cumplida que estoy seguro, nunca olvidaran.
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Por: JHON JAIRO CANTOR
Fotografias: FELIPE ROCHA
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