La entrada de Green Day al Salón de la Fama del rock

Green Day en su inducción al Salon de la Fama del Rock N Roll (Foto:Telemundo51)
Por Alberto Aldana el Vie, 06/19/2015 - 17:53

De las batallas de lodo a la admiración mundial: Green Day en el Salón de la Fama del Rock and Roll

Nadie se hubiera imaginado, un poco más de 20 años atrás, cuando en medio de una lucha de lodo con el público que se tornó caótica en Woodstock 94, tocaban con el pelo teñido de verde y de azul, y una actitud totalmente punk, arbitraria y descontrolada, verlos allí a los tres, en una noche de abril del 2015, luciendo trajes elegantes, fracs y corbatas, en medio de las luces y de las cámaras, en el marco de una reunión con todo el glamour, la etiqueta y la admiración de cientos de personas que se congregaban para ver la ceremonia de inducción de Green Day al salón de la fama.

Cuando se enteró de la noticia, el mismo Billie Joe Armstrong, líder de la banda, no podía creer lo que estaba pasando: la banda que había formado en la escuela con su mejor amigo, Mike Dirnt, iba a hacer parte de un grupo privilegiado en el que sólo entran las mejores bandas de rock and roll, las que han dejado su legado a través de la música en miles de personas que, de alguna u otra manera, han transformado radicalmente su vida escuchando los nuevos discos y canciones que promueven continuamente una revolución en el alma. Ante la emoción causada por la noticia, Billie tuvo que salir de su casa a dar un paseo por la calle, tomar aire y tratar de asimilar lo que estaba sucediendo.

No era para menos: habían pasado muchas cosas en su vida a través de Green Day y del rock. Habían acontecido, como es natural, problemas relacionados con las drogas, el alcohol, las adicciones: había conocido el mundo y descubierto innumerables sensaciones a través de los sonidos de su guitarra que se reproducían, una y otra vez, en todos los países que visitaba; había disfrutado, por medio de esa intensa agitación que acompaña una vida de rockstar, las alegrías más intensas, pero también las tristezas y los desconsuelos más profundos que se generan cuando alguien se sumerge definitivamente en el arte. Y después de todo, finalmente, esa banda por la cual había aprendido a vivir, a sentir a la música como sangre que corre por sus venas, como el aliento que lo impulsa a seguir adelante, era parte de algo más grande que lo que había podido haber soñado, cuando componía sus primeras canciones y tenía la oportunidad de tocarlas frente a un puñado de jóvenes que, si les hubieran dicho, nunca habrían creído que esos tres tipos con apariencia extraña que daban saltos en escenarios improvisados, se convertirían en una de las mejores y más reconocidas bandas de rock del mundo.

Durante los más de 20 años que separan la lucha de barro en Woodstock 94 con la ceremonia de inducción en el 2015, pasaron muchas cosas; eventos, reconocimientos y experiencias a través de las cuales la banda iba evolucionando, tomando caminos inesperados a nivel musical que servían para atraer a nuevos fanáticos y para hacer más sólida la relación con las personas que los seguían desde un comienzo: aquellos que también han envejecido y aprendido a buscar nuevas sensaciones a través de la música y el arte.

Mientras yo leía el discurso que Billie Joe, Mike Dirnt y Tree Cool dieron en la ceremonia, lleno de recuerdos emocionantes y de agradecimientos, pensaba que la magia que ha tenido Green Day radica precisamente en la capacidad que tienen para innovar, para introducir y desarrollar nuevos sentidos; nuevas maneras de crear y de tocar su música. Como muchas otras bandas de punk rock, Green Day no ha mantenido sus composiciones en una misma zona de confort, y a través de cada disco han buscado la manera de ofrecer algo diferente, por medio de una comprensión del mundo y de la vida que se va haciendo más madura, y gracias al hecho de que ya no son los mismos adolescentes que hablaban sobre la soledad, las imágenes que se proyectan en la mente con las drogas, las dificultades de ser un perdedor en un mundo hostil y los problemas para relacionarse con las demás personas; pues ahora ya son esposos y padres de familia que no pueden andar por la vida actuando como si nada importara y como si el mundo fuera un lugar que más vale destruir que mejorar.

En estos días le preguntaban a John Lydon (mejor conocido como Jhonny Rotten), quien fuera el vocalista anárquico y desastrado de los Sex Pistols, su opinión sobre Green Day. Para Jhonny la banda no es significativa, y lo único que han hecho durante todos estos años es una versión pobre y deslucida de algo que era mucho más grande en los años 70. Sin duda alguna, la música de Green Day no es comparable con lo que hacía The Clash en esa década, los New York Dolls o The Dammned, pero eso no quiere decir que sea mejor o peor. Creo que lo que no tiene en cuenta Rotten es que Green Day es de una generación distinta, y que la banda ha tenido la capacidad de imprimirle un sello único y particular al punk, que ha marcado en gran medida el desarrollo musical de los 90 hacia adelante.

Para mí, Green Day no es la mejor banda que ha existido, pero es banda, la que me ha acompañado desde el año 97, cuando empecé a escuchar el álbum "Nimrod" y supe, de inmediato, que algo importante sucedía en mi vida. Led Zeppelin o los Beatles son bandas increíbles, y los músicos que tocaron en ellas son, de alguna manera, una especie de dioses que deben estar santificados en una especie de salón de la fama celestial, envueltos en un coro de ángeles. Pero son bandas que pertenecen a una época distinta, y nunca pude ser testigo de su evolución, no los pude ver en vivo y no hice parte de la interpretación específica del mundo que promovían con su música. Y aunque puedo escuchar todo el día los invaluables tesoros que representan sus canciones, es música que me habla de otros tiempos, de otros contextos y de otras maneras de enfrentar y batallar la existencia. En cambio, Green Day es la banda que ha estado ahí, que ha crecido conmigo y que me ha brindado una representación sonora e increíblemente emocional sobre la vida. 

En la ceremonia de inducción Green Day tocó "Basket Case" del álbum "Dookie", que es todo un himno; "When I Come Around" , del mismo álbum, que según mi opinión es la mejor canción que ha escrito Billie Joe, y que habla sobre un amor cansado y sin oportunidades que se agota ante la debilidad y el orgullo. También tocaron "American Idiot" , tal vez una de las canciones que menos me gusta de la banda, pero que también se ha convertido en un tema emblemático. En todo caso, a través de estas tres canciones se contaba una historia: una historia llena de momentos brillantes y de acontecimientos explosivos, atravesados por miles de sensaciones conjugadas en la fama, la inconformidad, la rabia y el amor; una historia llena de altibajos y de cadencias, acompasada por el sonido vibrante de un bajo distante y certero, de una guitarra eufórica y conmovedora al mismo tiempo, de una batería casi instintiva y de una voz… Una voz que canta desde lo más profundo del alma el sentido y las palabras de toda una generación de jóvenes, ya hoy en día adultos, que ese día acompañaron a Green Day a entrar por las puertas doradas del salón de la fama, y que se instalaron allí para recordarle al mundo una vez más que los sueños que se crean en los ambientes sórdidos, entre el lodo, la inconformidad, el rock and roll y los excesos, también se pueden cumplir. 

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