Kurt Cobain: Oscura revelación de una única esperanza que yace en la muerte

Kurt Cobain: Oscura revelación de una única esperanza que yace en la muerte
Por Alberto Aldana el Jue, 02/20/2020 - 18:00

El 20 de febrero de 1967 nació Kurt Cobain, fundador de Nirvana considerado uno de los más grandes íconos de la historia del rock. A pesar de su vertiginoso éxito, Cobain sufrió graves problemas de salud y de adicciones que lo llevaron siempre a considerar la muerte como una opción. ¿Qué le faltaba a Kurt Cobain?

En una de las últimas entrevistas que concedió Kurt Cobain, con el paisaje de Seattle de fondo y los altos edificios que se elevan en los alrededores del lago, la periodista le preguntó cuáles eran sus pensamientos sobre la muerte, a lo cual respondió:

“Si mueres eres completamente feliz y tu alma de alguna manera sigue viva. No le temo a la muerte. Hay una paz total después de morir. Convertirme en alguien más es la mayor esperanza que tengo”.

Esa comprensión de la muerte como el paso a un estado superior, a la realización de unas posibilidades plenas que no se pueden alcanzar en una existencia física y materializada, vivió con Kurt Cobain desde su adolescencia.

La idea generó una insidiosa proclividad hacia el desprecio hacia sí mismo, la auto-aniquilación como el ideal con el que se levantaba todos los días y como la fuente de inspiración que plasmó en cada una de sus canciones. Más allá de una filosofía que se convence de que la verdadera existencia se despliega en el final de la corporalidad, fueron los dolores crónicos de estómago que sufría los que lo llevaron a odiar su cuerpo; ese convulsivo grupo de órganos, bilis, fluidos, sangre, materia que hierve, se agita y se revuelve hacia una inevitable putrefacción.

El dolor, la ansiedad que le producía y la necesidad de encontrar paliativos y anestésicos lo llevó la heroína. Las inyecciones intravenosas con un compuesto químico de derivados del opio y morfina, sin embargo, no fueron su primera opción. Antes se sometió a un total de diez intervenciones en sus zonas gastrointestinales, que para lo único que servían era para revelar una inflamación brutal que se acrecentaba gracias a los malos hábitos alimenticios, a las giras y a la falta de cuidado. También consultó a decenas de médicos alrededor del mundo y probó centenares de medicamentos, solo para darse cuenta de que lo único que funcionaba eran los opiáceos.

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En una página de su diario, escrita probablemente a finales de 1993, escribiría:

“Probé la heroína por primera vez en 1987 en Aberden y seguí utilizándola unas 10 veces más desde el 87 hasta el 90. Cuando volví de nuestra segunda gira europea con Sonic Youth decidí consumir heroína a diario debido a una dolencia estomacal que llevaba sufriendo desde hacía cinco años y que me había llevado literalmente a pensar en el suicidio. Todos los días de mi vida durante cinco años”.

Pero ese profundo odio hacia sí mismo que se encarnaba precisamente en su materialidad y corporalidad no solo se relacionaba púnicamente con sus dolores crónicos. En una de las mejores biografías que existe sobre Kurt CobainMás pesado que el cielo” de Charles R. Cross, se afirma que siempre odio el hecho de ser tan delgado, y que cuando iba a la escuela se ponía varios suéteres y camisas. También usaba pantalonetas debajo de los pantalones para disimular de alguna manera una figura demasiado escuálida.

Una visión negativa de sí mismo le hacía pensar en la muerte como una esperanza, y todo ese desprecio acumulado sin duda alguna le dio la fuerza final para apretar el gatillo contra sí mismo en una madrugada de abril del 94. Pero sin duda alguna, el punto definitivo de agotamiento y de resignación le llegó a Kurt Cobain como una revelación, la peor revelación que puede tener cualquier persona: el hecho de haber logrado todo lo que había soñado y sentir que no se ha hecho nada. Haber alcanzado el éxito, la fama – porque sí, a pesar de esa imagen alienada y esa actitud de odio y reprobación hacia la industria musical, Cobain siempre deseó la fama-, la posibilidad de trascender con su música a un nivel demasiado emocional, de conocer a los músicos de punk rock que admiraba, de dar a conocer su arte y convertirlo en algo quizá demasiado masivo pero al mismo tiempo conservar una imagen underground, y aun así, después de todo, no sentir ningún tipo de satisfacción. En otra de las páginas de su diario, escribiría:

“¡Dios santo, no soporto el éxito! ¡El éxito! ¡Y me siento tan increíblemente culpable!”

¿Qué era lo que faltaba en la vida de Kurt Cobain?

¿Qué se puede hacer cuando se ha conseguido todo lo que se había esperado y eso no genera felicidad? ¿Qué más se puede buscar?... ¿Qué queda en la vida? ¿Una esposa y una hija de casi dos años podría ser la respuesta? ¿O tal vez el consuelo era ser el líder de la mejor banda de rock en el mundo?... No había respuestas claras en la mente enturbiada de Cobain. Pero peor aún ¿Qué pasa si eso que tanto se deseó resulta ser decepcionante, lleno de contradicciones, de confusas pero al mismo tiempo dramáticas sensaciones? Finalmente, las respuestas de Kurt a estas preguntas fueron dos: una sobredosis de heroína y un disparo en la cabeza con una escopeta para cazar

Lo más importante al recordar a Kurt Cobain es no tratar de encasillarlo en los típicos clichés que lo definen como un alma atormentada, incomprendida, frágil, neurótica, extremadamente sensible, propensa a las adicciones, narcoléptica, frágil, delicada, disruptiva, alcoholizada. Para hacerle justicia a Kurt, lo más justo y sensato es dejar de decir en cada libro, en cada historia que se cuenta sobre su vida, en cada documental, homenaje, poema, articulo y canción, que fue el líder de toda una nueva generación que comenzaba a gestarse en los 90.  ¿Qué líder? ¿Qué generación? Casi que se puede ver el gesto de desprecio de Cobain si escuchara que alguien hoy, 26 años después de muerte, dice algo como eso.

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Lo que sí es importante recordar es que a pesar de sus dolencias, de su negativa percepción de la vida y de la concepción de la muerte como el haz de luz que se proyecta entre las tinieblas, Kurt Cobain fue uno de los mejores artistas de la década, no debido precisamente al éxito de Nirvana, al incomparable registro de ventas de un álbum como Nevermind, sino a la pureza y a la honestidad de su música. De no ser por esa profunda percepción de abandono y soledad, malestares crónicos, abismos insondables que se abren ante la revelación de una vida encerrada en la corporalidad que no puede ser satisfecha, de adicciones, amigos que abandonan y dejan de luchar, tal vez, solo tal vez, hoy Kurt Cobain estaría cumpliendo 53 años de edad.

 

Feliz Cumpleaños Kurt Cobain

 

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